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masaje prenatal

La mujer durante la gestación: un cuerpo que sufre innumerables cambios en su organismo, físicos y biológicos, que suelen tornarse en consecuencias molestas e incluso dolorosas. He aquí algunos ejemplos: dolor lumbar, pesadez de piernas, ciática , retención de líquidos (hinchazón en tobillos, piernas y manos), entre otras.

El masaje prenatal está orientado a tratar estas dolencias. Se trabaja la espalda (especialmente a nivel lumbar), los glúteos y piernas para favorecer el retorno venoso y aliviar la ciática, y el drenaje linfático para prevenir la retención de líquidos. También se realiza un masaje suave en los pies para aliviar la pesadez provocada por el aumento de peso. En la zona abdominal únicamente se aplica un aceite anti-estrías para favorecer la elasticidad de la piel

Lic. Freya Urbina

Gimnasio Structura, La Boyera, Caracas. (0412-2077308)

un masaje reconfortante: el drenaje linfático

Una escoba orgánica llamada linfa!!! Cómo te ayuda el sistema linfático.

El drenaje linfático manual, un masaje que actúa sobre los vasos, ganglios y válvulas de la red por donde circula la linfa, encargada de eliminar las toxinas y mantener en forma las defensas orgánicas, tiene cada vez más aplicaciones. Por medio de maniobras precisas, suaves y rítmicas esta terapia favorece la depuración y protección natural del organismo.

Una red de ganglios

El sistema linfático lo forman unos conductos muy finos que se extienden por todo el organismo y confluyen unos con otros, formando vasos cada vez más grandes, que terminan en dos grandes troncos colectores, que vierten su contenido, un líquido lechoso denominado linfa, en el torrente sanguíneo venoso.

Los líquidos, proteínas, grasas y estructuras que quedan atrapadas en los tejidos y no pueden retornar al circuito venoso, afluyen a los capilares por donde circula la linfa: un fluido parecido a la sangre pero sin glóbulos rojos, que rebosa, arrastra a otras sustancias atrapadas y limpia los tejidos.

A lo largo de la red linfática se suceden cientos de ganglios, del tamaño de un guisante, que filtran y depuran los desechos que arrastra la linfa, la cual circula desde los órganos hacia el corazón, gracias a unas válvulas que impiden que retroceda.

Dentro de los ganglios funcionan unas células que “comen” las sustancias ajenas al organismo, como los microbios patógenos y las micropartículas invasoras. Además de la depuración, el sistema linfático fabrica anticuerpos o inmunoglobulinas, unas células imprescindibles para las defensas orgánicas.

En condiciones normales, los desechos pasan al sistema linfático que les da salida, pero a veces quedan atrapados en los tejidos o la linfa se estanca, lo cual va intoxicando el cuerpo y lo vuelve más vulnerables a las enfermedades, produciendo desde hinchazón de las articulaciones, sensación de pesadez en las piernas y celulitis, y a la larga alteraciones más severas.

Depuración por dentro y por fuera

“El drenaje linfático manual (DLM) estimula la circulación de la linfa para que no se estanque ni sature de desechos o gérmenes, ayuda a revitalizar los nervios, músculos y defensas, y a aliviar los problemas de circulación, hinchazón, pesadez y retención de líquidos” en este masaje que “limpia por dentro y fuera”.

Este masaje es decisivo porque a diferencia del sistema sanguíneo, que funciona mediante el bombeo del corazón, el funcionamiento del linfático depende de la compresión de los músculos y la actividad del cuerpo.

También se diferencia del masaje convencional, en que “es relajante, no provoca dolor ni enrojecimiento, es más suave y lento, siempre sigue el recorrido linfático, y las manos del terapeuta se mueven relajadas como sin fuerza”.

Lo ideó en 1936 el fisioterapeuta Emil Vodder quien relacionó el sistema linfático con el masaje, y consiguió eliminar mediante manipulaciones corporales los encharcamientos de líquidos de los tejidos, con lo cual los limpiaba y mejoraban. Después, lo perfeccionaron otros médicos y ahora existen muchas escuelas o vertientes del DLM, pero sus bases son las mismas.

DLM consiste en una serie de movimientos, suaves y repetitivos, con una ligera presión, siempre en dirección al corazón, los cuales activan la circulación de la linfa a través de sus trayectos naturales y estimulan la evacuación de líquidos y sustancias del tejido conjuntivo”.

Al comprimir un sector corporal, ejerciendo presión exterior o por la compresión muscular, la linfa es impulsada hacia los conductos mayores, desde donde se vierte en el circuito venoso.

Sus efectos se resumen en una serie de acciones beneficiosas: evita que se formen edemas, al evacuar el líquido del interior de los tejidos y células, y además estimula los capilares de las venas.

Asimismo tranquiliza, al activar el sistema nervioso parasimpático, el que nos prepara para luchar o huir y nos mantiene en tensión y alerta, a la vez que relaja el sistema nervioso en general y la musculatura esquelética.

Sedante, analgésico y revitalizante

Se trata de un masaje sedante y analgésico, que alivia distintos tipos de dolor, además de limpiar los tejidos de la piel y los cabellos, eliminar las toxinas orgánicas, y revitalizar el sistema inmunitario, al aumentar la actividad ganglionar.

Según la fisioterapeuta, “el DLM es eficaz para aliviar, tratar o prevenir una amplia variedad de trastornos. Esta terapia puede ser beneficiosa si se padece pesadez o tendencia a la hinchazón de las piernas, si se quiere evitar la hinchazón y prevenir las estrías durante el embarazo, o si se sufren problemas respiratorios, como la rinitis, la sinusitis o la faringitis”.

También es eficaz para los trastornos de predisposición nerviosa, como las migrañas y vértigos, el desgaste por estrés y cansancio, o los dolores en los oídos, axilas y tobillos, o de tipo menstrual.

“Asimismo se indica cuando alguna cirugía, úlcera varicosa o reuma afecta el sistema linfático, se padece una insuficiencia en la circulación venosa, se sufre acné, celulitis, eczema o várices, el cuero cabelludo es excesivamente graso o sudoroso, se quiere fortalecer la inmunidad natural en casos de exigencia o se desea acelerar la cicatrización o regeneración de los tejidos lesionados”.

En cambio, el drenaje linfático está contraindicado en casos de infección generalizada, enfermedad maligna, inflamación aguda, hiperfunción de la tiroides y trombosis o problemas cardíacos recientes, así como cuando se padece asma bronquial, insuficiencia renal o cardiovascular, flebitis o desórdenes varicosos severos, cuadros febriles o hipotensión arterial.

Presiones, bombeos y arrastres

Entre las maniobras destinadas a la vaciar los ganglios, drenar los conductos y mejorar la circulación linfática figuran los masajes rotativos, que consisten en empujar la piel sobre las membranas de tejido conjuntivo fibroso (fascias) que envuelven los músculos, en la dirección de los vasos linfáticos y con las palmas de las manos y los pulgares.

Para obtener resultados se aconseja un mínimo de un mes de terapia con tres sesiones semanales 

El masaje debe efectuarse en un lugar tranquilo, con una luz indirecta y suave, y la temperatura a unos 25 grados centígrados. Para ello, el paciente se instala cómodamente sobre la camilla, con los pies ligeramente elevados, y se relaja, descansando si hace falta, para conseguir mejores resultados con las maniobras

 

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algo de la linfa

Hipocrates hablaba de "sangre blanca", refiriéndose a la existencia de unos conductos que contenían un liquido lechoso y blanquecino. Hoy sabemos que se trata de los vasos quilíferos, responsables del transporte de las grasas provenientes de la digestión, que no pueden ser abosorbidas por vía venosa.  Herófilos cita unos vasos que van a parar a una "especie de glándulas no definidas", a las que actualmente llamamos ganglios linfáticos.

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