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El primer encuentro

El nacimiento de un hijo es un acontecimiento sagrado. Como tal merece un espacio especial, un espacio de intimidad entre los únicos protagonistas: madre, padre e hijo. Los padres han esperado durante nueve largos meses para ver la cara de su bebé, observarlo, estudiarlo, reconocerlo, olerlo.

Muchas ocasiones he tenido para visitar amigas o familiares que se han estrenado como madres y cada vez me pregunto con qué me iré a encontrar en cada nuevo nacimiento. No sé si me produce mayor emoción la imagen del pequeñín o las dinámicas surrealistas que muchas veces se generan en estos eventos.

He podido notar que por lo general no existe espacio psíquico -y físico- de intimidad para la pareja.  La emoción que produce escuchar las rueditas del “carrito” que trae al bebé al cuarto por primera vez no puede disfrutarse a plenitud. La habitación se ha convertido en una sala de fiesta.

La madre -generalmente con puntos de cesárea e hinchada- se ha tenido que maquillar y poner presentable para la ocasión. Y yo pregunto ¿Cómo puede besar al bebé con esos labios pegostosos?  ¿Cómo será el primer contacto de alimentación con tanta gente alrededor? ¿No estará cansada? ¿Por qué no dice nada? En realidad tiene mala cara pero nadie parece notarlo o lo que es peor, a nadie parece importarle. Algunos se dan cuenta y preguntan “estas cansada?...ya nos vamos”, pero no se van. Ella sonríe y reza en silencio para que por lo menos no llegue más nadie.

Estas imágenes pueden parecer exageradas, pero de alguna manera las he querido utilizar para hablar de la desconexión que existe en el momento más importante: el primer encuentro entre madre, padre e hijo. Es probable que ya haya habido un primer acercamiento en quirófano. Pero este debería ser más reposado e íntimo. Y no lo es.

En diversas culturas antiguas los rituales del nacimiento traen algunas enseñanzas que deberíamos tomar en cuenta. En el antiguo Egipto la madre durante el parto se encontraba sólo en compañía de mujeres y una comadrona. Más nadie debía estar presente. Según la tradición Maya, después del parto madre e hijo debían permanecer solos por espacio de ocho días, posteriormente se realizaba una celebración para presentar al bebé a la comunidad. Entre los Sha, (una tribu en la provincia de Yunnan, China),  la mujer se encuentra -nuevamente- sólo en compañía de mujeres y es al tercer día que se realiza la celebración de presentación del niño a la familia y amigos.

No quisiera se me malinterpretara diciendo que estoy a favor de la exclusión de lo masculino. Si leemos con detenimiento, vemos que estas tradiciones tienen en común la visión del nacimiento como un hecho íntimo y privado durante y después del parto. Adicionalmente, en la mayoría de las fuentes que pude consultar, en los días de transición siempre se realizan rituales mágicos de protección para alejar las energías indeseables y así proteger a la madre y al niño antes de su presentación social. Yo no despreciaría esta sabiduría ancestral. Por favor, con esto no quiero decir que lleven al médico brujo al cuarto de la clínica, sino que otorguen un espacio de transición a madre e hijo para recuperar fuerzas.

Imaginemos ahora por un momento la historia del bebé desde que ha salido del vientre: siente frío, le colocan sondas, lo manipulan manos extrañas, soledad.  No deseo tocar el trauma del nacimiento porque creo que ya estamos bastante empapados con el tema. Quiero hablar de los días sucesivos al parto y del trauma del desencuentro. Desencuentro afectivo de madre, padre e hijo. Encuentro social de familiares, amistades y conocidos. Me pregunto si los padres son cómplices de esta fiesta o es que no saben decir que No.

Si son cómplices y la disfrutan, no tengo nada que decir al respecto porque existen múltiples maneras de entender la realidad. Mis palabras van dirigidas a aquellos que desean intimidad y no saben cómo pedirlo. Cómo decirlo. Cómo exigir respeto. Cómo hacer para que las respectivas abuelas no se ofendan. Para que la amiga no deje de llamarlo a uno en los próximos seis meses. Para que el socio del marido pueda esperar afuera 10 minutos.

Este es un momento en que no es pertinente complacer a nadie sino sólo a la triada. No importa si nos llaman egoístas. Quien realmente lo quiere a uno debería comprender y aceptar. A partir de este momento se marcan dinámicas familiares importantes que si equivocadas, las podemos arrastrar como una bola de nieve: cada vez se ira haciendo más grande. 

Todas las mujeres que han estado estos primeros días junto a la madre habrán dado su respectivo consejo sobre los asuntos más variados en relación a la maternidad. Algunas porque saben, otras porque leyeron y otras porque le contaron. Yo también voy a dar mi consejo, pero no sobre como tratar al bebé. Mi consejo es sobre cómo tratarse a si misma en un momento tan intenso: simplemente escucharse y responder a aquello que se siente internamente no puede ser un error. Pero con tanto ruido exterior dificulto que pueda lograrse. No hay consejo de abuela que valga ante la intuición de la madre con su hijo. Se puede agradecer la ayuda pero siendo firme y pidiendo que respeten el propio espacio. 

El tema de las abuelas o respectivas suegras es delicado. Entran en competencia –concientemente o no- por el recién llegado. Empezando por el parecido: cada una encuentra que ojos, nariz y/o boca de sus respectivos antepasados -que nadie conoce y de los cuales no existen fotos- están fielmente reproducidos en el pequeño. La abuela materna se siente con más derecho sobre el nieto, será por aquello de que “los hijos de mis hijas son mis nietos, los hijos de mis hijos no lo se”….

Generalmente esperan que se sigan sus consejos y lecciones basados en sus experiencias. Aquí también parece que hay que complacer para evitar herir susceptibilidades. La pareja entonces empieza a usar por turnos los consejos de sus respectivas madres para ver si resultan y de esta mezcla surge un gran nerviosismo y tensión. Ciertamente hay consejos que pueden ser de ayuda, pero cuando lo que se percibe es lucha de poderes lo mejor es hacer caso omiso y volver a dirigir la atención hacia el propio corazón.

Tradicionalmente se atenta contra las abuelas y suegras intrusas e invasoras de la privacidad. Yo quisiera también otorgarles un espacio a las abuelas modernas que no quieren ser abuelas.

Cuando una mujer se convierte en madre se remueven todas sus necesidades afectivas. Es madre pero también es hija. Espera ser cuidada y sentirse segura, contenida, así como estaba el bebé que acaba de salir de su vientre. Sin embargo hay abuelas que están tan centradas en si mismas y en sus necesidades que no logran responder a las de sus hijas. Probablemente la labor de madre ha sido para ellas tan demandante que no toleran el rol de abuela. Hay otras que no quieren sentirse “viejas” y no permiten que se les encasille en un papel que no sienten como propio. La hija entonces siente -y es una realidad- que no puede contar con ella. Todas tienen razón.

Invito a estas madres primerizas a que aprendan a contar consigo mismas y con su pareja, que se las arreglen como puedan y que ambos sean cómplices de aventura y desventuras. Que no esperen hacer las cosas que hacían cuando eran dos, intentando “encasquetarle” el niño a una abuela molesta. Creo que eso incluye crecer juntos como pareja y como familia.

¿Y dónde se encuentra el padre en toda esta conmoción? O ha sido excluido, o se ha excluido voluntariamente. Sea como sea, psíquicamente es un extraño en toda esta dinámica femenina. A menos que tenga un lado Yin muy desarrollado. Depende de él buscar su espacio y presencia hasta donde pueda tolerarlo. Hoy en día la entrada de lo masculino en los asuntos maternos es muy amplia. Tal vez demasiada en algunos casos. Sin embargo cada pareja irá encontrando el equilibrio en sus respectivas funciones.

Considero que lo más importante es recordar que estamos viviendo un momento mágico. La diferencia puede estar entre decidir vivir según los propios deseos e ilusiones o responder únicamente a las demandas del gran círculo familiar y social.

Buena Suerte!

Laura Morandini

Sexo posparto

Me encontraba en una tienda por departamentos con mi hija de 7 meses cuando inesperadamente, desde detrás de unas camisas, apareció una mujer un poco despeinada y sobresaltada para preguntarme sobre las cualidades y defectos del coche que servía de desplazamiento a la pequeña. Me impresionó su cara cansada y esa energía de quien no tiene tiempo para disfrutar de su tiempo prestado. Como me es familiar esa sensación, logro reconocerla con bastante rapidez. Acto seguido la mujer instauró una especie de monologo catártico a partir del cual pude enterarme con detalle de su vida en los últimos 20 días. En ese momento supe que debía sentarme a escribir.

Aún me cuesta acostumbrarme al hecho de que personas desconocidas se me acerquen y me cuenten sus conflictos para luego desaparecer en la nada. Lo insólito es que no se dan cuenta que lo hacen. Una cosa es estar con el paciente frente a frente y hablar concienzudamente en un ambiente terapéutico, otra es que lo tomen a uno por asalto fuera de contexto. Sin embargo escuché con detenimiento y la consecuente cara de póquer.

Lo cierto es que hace 20 días tuvo por cesárea a una niña que come cada dos horas y media, tiene gran cantidad de cabello negro -hasta la pude conocer apresuradamente en la imagen de la pantalla del celular- y no toma pecho. Me dio un poco de tristeza corroborar algo que escribí recientemente: la presencia de visitas masivas a la clínica no le permitió tener un espacio de intimidad con su hija; yo para mis adentros pensaba que tampoco lo buscó. Por supuesto callé al mejor estilo psicoanalítico.

Hasta aquí todo dentro de los parámetros más o menos esperados para una mujer moderna en cuarentena: un poco de exaltación por ser la primera salida y sentirse engañosamente libre por pocas horas. Lo inusual o digamos inadecuado fue que me mostrara a plena luz de neón la faja que llevaba puesta. Yo miraba a mi alrededor para ver si nos veían. Intuía que el clímax de la conversación aún no había llegado, pero se acercaba… hasta que: 

Y tú?  Te estás cuidando? Porque tu sabes... el marido de uno ya está pidiendo de aquello” …..

Me miró con cierta complicidad ficticia, como esperando que mi respuesta -también ficticia-  le corroborara que estaba “bien” tener relaciones para complacer. Creo que no debe haber sentido feedback. Le expliqué algunas cosas acerca de la maternidad, la necesidad de estar centrada en esa vivencia, dedicarse a su bebé, recuperarse físicamente y centrarse psíquicamente antes de poder retomar su vida de pareja. Por supuesto todo esto en lenguaje de calle. Su angustia aumentó. Me dijo que debía irse a cuidar a su niña y se fue de la misma manera que apareció.

A veces pienso que debería decirle a las personas lo que desean escuchar, pero es que se me nota. Sencillamente no puedo. Por eso quisiera decirles a las mujeres “recién paridas”

Que no se preocupen si sienten que al principio la libido es inexistente.

Que no deben sentirse culpables si la poca energía que tienen disponible la quieren ahorrar.

Que si el marido pide de aquello, y aquello esta clausurado hay que ubicarlo en el momento vital  que están viviendo JUNTOS

Que si sienten que no tienen qué ofrecer sexualmente para sí mismas y para la pareja por el momento, lo mejor es hablar y generar un dialogo.  

Que aceptar relaciones sin deseo puede ser un Lexotanil (o Rivotril, que está tan de moda) contra la ansiedad frente a la infidelidad pero no contra la infidelidad misma.

Que todo tiene su momento y sus ciclos

Que si tienen relaciones sin desearlo, por lo menos intenten saber por qué las están teniendo. 

Que si tienen relaciones sin desearlo y eso no significa un problema, todo esto que he dicho es un sinsentido.

Laura Morandini

preconcepcional

Ø Inicia la ingesta de Acido Fólico.

Ø Inicia la ingesta de Omega 3

Ø Ejercítate físicamente

Ø Elimina el uso de tabaco y cigarrillos

Ø Aleja el alcohol de tu vida

Ø Deja las drogas

Ø Involúcrate activamente y controla tus enfermedades crónicas.

Ø Conoce tu estatus infeccioso viral

Ø Planifica tu economía

Ø Compra un Seguro de Maternidad que incluya a tu bebé al nacer

 

El mejor regalo que puede hacer a sus hijos es tenerlos asegurados, asi garantiza su salud y evita la ruina familiar en caso de afecciones importantes

miranda

andres

 

Cuando salgas en carro, coloca al bebé en una silla apropiada, no lo lleven en brazos de nadie: si hay una colisión la mortalidad es altísima. Es un fastidio pero debe ser hecho, incluso podrían multarte de no hacerlo

silla de seguridad para vehiculos

 

Las piscinas y los balcones pueden ser una verdadera maldición: ten mucho cuidado

piscinas, invento del demonio

balcon

 

Secciones

ultrasonidos

Evaluación ecográfica adecuada del embrión y del feto
sugerido → estudio genético precoz

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La explicación de todos tus malestares "normales" y su evolución en el tiempo
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Control y situaciones de exposición durante al embarazo. Mitos
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Excelente orientación para sobrevivir a los difíciles primeros meses...
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